9 de enero de 2017

De regreso...

Nunca tendría que haberme escondido en galaxias a millones de años luz de ti.

Me alejé, una vez mi corazón fue roto en las manos que yo mismo acepté para que fuera estropeado.
En la distancia construí un sueño que saboteo día a día, con la ilusión de derrocarme a mí mismo y poder regresar al punto donde nunca debí cruzar la puerta.

Allá está escondido mi corazón, tras esas paredes que he levantado, esas que tanta frustración despiertan en tu mirada y que has llenado con pintura luego de cansarte de dar vueltas sin encontrar la puerta, ni la llave que acciona la cerradura.

Quizá buscando en tu corazón podrías advertir que estas adentro, rodeado de tus propias murallas. El mismo miedo que me separa de ti es el que te impide salir a mi encuentro.

El peso de la carga pareciera afectar mis cimientos y miento si te digo que me quedaré esperando algo de compasión de tu parte. Varias veces he revertido el cauce del cruel arrollo en el que no me dejaste ahogar como para venir a rendirme ahora que puedo dormir en una cama cómoda y con mi estómago satisfecho.

Sin perdonarte busco cómo encontrarme para ofrecerme un ramo de flores y pedirme perdón por las estupideces a las que me he sometido en la búsqueda de un sueño que ahora no sé si es mío o la burda copia de un cuento mal vendido, mal entendido, mal copiado y bien ejecutado.

Mis pasos aún aguardan por nuevos caminos que los lleven al origen, al punto donde no debo esconderme en galaxias a millones de años luz, allá donde podía dormir tranquilo bajo los árboles… allá donde espero juntar los pedazos rotos de mi confianza para darle renovado aliento a mi corazón.


Ese que aún sabe latir muy bien a pesar del frío cósmico en el que lo he confinado.

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